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Chiliberto Loya anda que se lo lleva el tren porque nada más no sube. El único lugar donde está arriba es en la Torre Centinela, pero, fuera de allí, nada más no pinta. Lo peor cito del caso es que dice mesa tras mesa en los restaurantes, que es el bueno, no el caballo negro, sino el blanco, que alcanzará y habrá por tanto la carrera. Es algo similar a lo que sucede con Andreíta Chávez en Morena, que nada para el frente no saben mirar. El asunto es que Gilberto Loya puede caer feo, según argumenta vox populli, y terminar más allá de la imaginación. Pisa terrenos con linderos peligrosos y habla con gente de aquellos y utiliza militares para negociar acciones de toda índole. Pero por ahorita anda como la canción de Cornelio Reyna, a ver si no se cae de la nube en que andaba.

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