Revive Hasta el fin del mundo debate sobre el matrimonio en el franquismo
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Chihuahua.- El estreno de la película Hasta el fin del mundo, la actriz Aislinn Derbez y el actor Mauricio Ochmann, reavivó el interés por uno de los legados sociales del franquismo: el modelo de mujer construido alrededor del matrimonio, la obediencia y el hogar.
La cinta, dirigida por Emiliano Castro Vizcarra, siguió la historia de Manuel y Esmeralda, dos jóvenes españoles cuya relación quedó marcada por las secuelas de un país atravesado por la dictadura y que, quince años después, volvieron a encontrarse en Chihuahua, donde el pasado condicionó nuevamente sus decisiones.
La trama recuperó una realidad que diversos investigadores identificaron como uno de los pilares del régimen encabezado por Francisco Franco. En Educar para el matrimonio en femenino: modelos y prácticas en la literatura de posguerra, Matilde Peinado Rodríguez y José Luis Anta Félez documentaron que el franquismo convirtió el matrimonio en el eje de la educación femenina y promovió una identidad sustentada en la subordinación al esposo, la maternidad y el ámbito doméstico. Bajo ese modelo, la mujer fue educada para considerar la vida conyugal como su principal proyecto de realización personal.
Mientras la película mostró a Esmeralda enfrentando las consecuencias de una historia familiar y política que trascendió generaciones, la escritora Carmen Martín Gaite explicó en “Usos amorosos de la postguerra española” que, tras la Guerra Civil, el noviazgo dejó de ser únicamente una experiencia afectiva para convertirse en un proceso vigilado por la familia, la Iglesia y las normas sociales. La autora describió que la educación sentimental femenina privilegió la discreción, la modestia y la preparación para el matrimonio, mientras el amor romántico fue presentado como el camino legítimo hacia la vida adulta.
Las investigaciones también coincidieron en que la literatura, las publicaciones dirigidas a mujeres y las enseñanzas de la Sección Femenina reforzaron ese ideal mediante personajes cuya aspiración consistía en encontrar un esposo y formar un hogar. Peinado Rodríguez y Anta Félez señalaron que la novela rosa reprodujo ese modelo al presentar la boda como el desenlace natural de la vida femenina, en contraste con los personajes masculinos, cuyas expectativas se vinculaban al trabajo, la movilidad social y el espacio público.
Aunque Hasta el fin del mundo se desarrolló como un drama romántico contemporáneo, el reencuentro de Manuel y Esmeralda permitió recuperar un debate que trascendió la ficción. Tanto Carmen Martín Gaite como los investigadores consultados sostuvieron que el franquismo utilizó el matrimonio como un mecanismo de organización social y de control sobre las mujeres, cuyos efectos continuaron presentes en la memoria colectiva española mucho después del fin de la dictadura y constituyeron parte del trasfondo histórico que la película evocó.
"El matrimonio, por encima de la idea de familia, supone una forma de discurso permanente del destino, educación y socialización de la mujer", concluyeron Matilde Peinado Rodríguez y José Luis Anta Félez al analizar la construcción del ideal femenino durante la posguerra española.
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