El sorprendente origen del bastón de mulita para la Danza de los Viejitos
- Por Víctor Estala Banda
Por: Víctor Estala Banda
A simple vista es solo un bastón: delgado, discreto y sin adornos llamativos. Sin embargo, al mirarlo con atención aparece un detalle especial. La curva en la parte superior recuerda la cabeza de una mula. No es casualidad, es memoria tallada que conecta la danza con el mundo rural. Por ello, a este bastón –también asociado con los ancianos indígenas– se le conoce como bastón de mulita.
En la Danza de los Viejitos, el bastón no es un simple apoyo. Golpea el suelo, marca el ritmo y acompaña cada paso del danzante. A la empuñadura se le conoce como mulita, y su forma se adapta naturalmente a la mano. Muchos ven en ella la testuz de un caballo o una mula, como si el objeto también tuviera presencia en escena.
El tramo recto funciona como el cuello del animal: firme, flexible y confiable. Algunos bastones se adornan con listones o fibras vegetales que evocan la crin. Son detalles pequeños, pero revelan la profunda relación entre la danza y la vida campesina.
Antes de llegar a la pista, el bastón fue monte. Nace del otate (Otatea acuminata), un bambú nativo que crece en regiones húmedas y montañosas de estados como Puebla, Michoacán, Veracruz, Oaxaca y Chiapas. Durante generaciones, su corte formó parte de la vida comunitaria.
En Jolalpan, Puebla, aún se recuerdan esas jornadas. “Mi abuelito los traía cuando iba por otate”, escribió Martha Muñoz en redes sociales. La frase guarda toda una escena familiar y deja claro que esta planta no solo sirve para fabricar objetos: también sostiene recuerdos.
La Danza de los Viejitos tiene raíces prehispánicas y nació en la Isla de Jarácuaro, en el lago de Pátzcuaro. Formaba parte de rituales dedicados al Dios Viejo, asociado con el fuego y el sol. El bastón simboliza el apoyo del anciano y la conexión con la tierra, mientras la indumentaria purépecha completa una tradición que sigue viva.
Hoy el otate enfrenta un desafío silencioso. La Comisión Nacional Forestal ha advertido sobre su sobreexplotación, y en Talpa de Allende, Jalisco, la alta demanda de bastones para peregrinos llevó a establecer una veda de hasta diez años. Su uso en construcción, cestería y muebles demuestra su valor, pero también explica la presión sobre el recurso.
Aun así, el otate resiste y comienza a revalorarse en proyectos sustentables. El bastón de mulita sigue siendo más que un accesorio: es una extensión del danzante y un símbolo de continuidad.
Cuando golpea la tierra, no solo marca el compás; también recuerda que las tradiciones necesitan cuidado, incluso ambiental, para seguir de pie.
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