NUESTRA GOBERNADORA, LOS CHIHUAHUENSES, Y LA RECIPROCIDAD
- Por Editora EL
Por Horacio Gill Acosta
En los momentos difíciles es cuando verdaderamente se conoce el carácter de un pueblo. Hoy, Chihuahua vive uno de esos episodios donde más allá de colores partidistas, intereses personales o diferencias ideológicas, debe prevalecer algo mucho más importante: la dignidad de nuestro estado y la reciprocidad hacia quien ha dado la cara por los chihuahuenses.
La gobernadora María Eugenia Campos Galván enfrenta un citatorio por parte de la Fiscalía General de la República en medio de un clima político nacional cada vez más polarizado. Y aunque las instituciones deben cumplir su función dentro del marco legal, también es válido preguntarnos si existe un uso político de los tiempos, de las formas y de las presiones contra aquellos gobiernos estatales que han decidido mantener una postura firme ante el poder central.
Chihuahua no es un estado que se arrodille fácilmente. Somos tierra de lucha, de trabajo y de carácter. Y precisamente por eso, hoy más que nunca, debemos entender el significado de una palabra fundamental: reciprocidad.
La reciprocidad no significa obediencia ciega ni fanatismo político. Significa memoria. Significa reconocer cuando alguien ha defendido a Chihuahua frente a decisiones injustas, cuando ha gestionado recursos, cuando ha levantado la voz por el agua, por el campo, por la seguridad y por la dignidad de nuestra gente. La reciprocidad implica no abandonar a quien ha enfrentado tempestades políticas defendiendo los intereses del estado.
Muchos ciudadanos podrán coincidir o no con todas las decisiones de la gobernadora, eso es parte natural de la democracia. Pero una cosa es debatir ideas y otra muy distinta permitir que desde el centro se pretenda debilitar institucionalmente a Chihuahua utilizando el peso político de las instituciones federales.
Hoy el llamado debe ser claro y sereno: los chihuahuenses debemos actuar con unidad, prudencia y firmeza. No se trata de confrontación, sino de defender la autonomía política y la estabilidad de nuestro estado. Porque cuando se golpea a la figura de una gobernadora electa democráticamente, también se genera incertidumbre para miles de ciudadanos que esperan gobernabilidad, inversión y tranquilidad social.
La historia de Chihuahua siempre ha sido escrita por hombres y mujeres que no abandonan a los suyos en tiempos de presión. Y bajo ese espíritu, la reciprocidad debe convertirse en un principio de conciencia colectiva. Si una gobernadora ha caminado junto a su gente en las buenas y en las malas, también corresponde a la ciudadanía respaldar las instituciones estatales y exigir que cualquier proceso se lleve con legalidad, transparencia y sin tintes de persecución política.
Porque Chihuahua merece respeto.
Y porque la reciprocidad, cuando nace del pueblo, también se convierte en dignidad.
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