Jaime Enriquez dejó un legado político muy amplio en el decaído priísmo, porque nunca renunció a su militancia aunque haya colaborado en otros proyectos. Fue Diputado Local, Director de Tránsito y Vialidad, y ocupo innumerables cargos en el Comité Directivo Estatal del PRI. Fue candidato a la Presidencia Municipal de Cuauhtémoc pero no alcanzó a llegar a la silla por el contexto político del momento. Padeció diversas enfermedades a lo largo de su vida y en la última se fue a La Tumba, el lugar en donde se quedó como en un sueño profundo. Los años recientes los dedicó a ayudarle a Cruz Pérez Cuéllar, su yerno, en el proyecto para la Gubernatura. Su hija Rubí permaneció muy cerca de él y con su experiencia contribuyó a que se le facilitara a ella presidir el DIF Municipal en la frontera. Fue miembro de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos toda su vida. La Fuente y Jaime siempre se refirieron uno al otro como máster, en una relacion política y amigable en la cual prevalecía el análisis politico del momento.