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Chihuahua, Chih.– Con cuatro décadas de servicio ininterrumpido y portando con orgullo el estatus de retiro de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, el policía primero Jesús Arnoldo Fierro González, entrañablemente conocido por la comunidad y la corporación como el “Jefe Fierro” o “Fierrito”, ha dejado una huella imborrable en la capital.
Su legado no solo vive en la memoria de los compañeros de armas a quienes formó, sino en el corazón de miles de madres, padres y múltiples generaciones de jóvenes chihuahuenses a quienes rescató del entorno delictivo y orientó con pláticas formativas en planteles escolares de todos los niveles, consolidándose como un referente de la proximidad social.
La historia de su vocación transformadora comenzó al identificar la urgente necesidad de atender a los adolescentes que presentaban conductas conflictivas o que se integraban a pandillas en las colonias de la periferia; ante esto, Fierro González tomó la iniciativa de proponer a sus superiores un enfoque disruptivo para la época: en lugar de recurrir exclusivamente a la vía punitiva o a la sanción administrativa, el oficial buscó un acercamiento humano y directo con aquellos menores que enfrentaban entornos de violencia familiar o deserción escolar, con el firme propósito de encauzarlos.
De esa visión comunitaria nació el programa “Jóvenes al Estudio”, una política pública de prevención que con los años evolucionó formalmente bajo el nombre de “Niñas, Niños y Adolescentes al Estudio”.
A través de esta estrategia institucional, que ha prevalecido como un pilar en el combate a las causas del delito, se imparten pláticas centradas en el rescate de valores morales, disciplina y acondicionamiento físico, complementadas con un trabajo integral en el núcleo del hogar para dotar a los padres de herramientas de contención psicológica, prevención de adicciones y corrección de hábitos negativos.
Al respecto, el propio "Jefe Fierro" enfatiza que el éxito del programa radica en la cohesión y la corresponsabilidad familiar, insistiendo en que es vital escuchar a los hijos, saber qué hacen e involucrarse activamente en sus vidas cotidianas.
Finalmente, el comandante en retiro lanzó un llamado enérgico a la sociedad civil para visibilizar y prevenir flagelos contemporáneos como la ansiedad y el suicidio juvenil, reiterando que la conversación abierta es la mejor blindaje contra la desesperanza y que la verdadera seguridad pública siempre empieza en casa con cercanía, confianza y un acompañamiento constante.
