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Chihuahua, Chih.– El Parque El Palomar, uno de los pulmones urbanos y referentes identitarios más importantes de la capital, enfrenta una crisis de deterioro y abandono generalizado debido al vandalismo recurrente, la falta de presupuesto y la ausencia de un plan institucional de mantenimiento integral.
Actualmente, el emblemático espacio público exhibe fallas crónicas en su sistema de alumbrado con decenas de luminarias inservibles, locales comerciales clausurados que son utilizados de forma ilegal como sanitarios públicos, e interiores vandalizados.
El daño más grave al patrimonio cultural del municipio se refleja en el robo masivo de las placas metálicas informativas y conmemorativas de los monumentos; el atraco despojó al parque de la narrativa sobre la evolución cronológica de Chihuahua desde su fundación, dejando únicamente los marcos de concreto vacíos y grafiteados.
A pesar de estas condiciones de descuido material, el sitio se mantiene activo gracias al esfuerzo del personal operativo que preserva las áreas verdes, permitiendo que continúe como punto de reunión para turistas, familias locales y derechohabientes que esperan turno en la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) contigua.
Esta situación de desatención contrasta con el origen del proyecto moderno del parque, cuya fisonomía actual derivó de la transformación de un antiguo barrio residencial consolidada en el año 2000 para conmemorar el cambio de milenio, bajo las gestiones del exgobernador Patricio Martínez García y del entonces alcalde José Reyes Baeza Terrazas.
En aquella intervención, el complejo fue dotado de mobiliario urbano de primera calidad, amplios jardines y elementos monumentales icónicos como la escultura del toro de cuernos largos en honor a la ganadería local, las estructuras de las palomas y la efigie dedicada al histrión chihuahuense Anthony Quinn.
Cabe recordar que en abril del año 2000, el Cabildo distinguió al actor ganador de dos premios Óscar como Ciudadano Distinguido, permitiendo que a sus 85 años de edad develara personalmente dicha escultura de seis metros de altura y 20 toneladas de peso, una obra monumental que hoy en día padece los estragos del desinterés y la falta de resguardo.
