Mi Pódium

La ley

  • Por Editor R
La ley

Por Osbaldo Salvador Ang.- La ley no es un instrumento objetivo y autónomo que exista por si mismo como algunos pretenden hacer ver.

Su espíritu, como dicen los juristas, consiste en la esencia, motivo y fin para la cual fue creada.

La ley no puede entenderse sin su aplicación y para ser aplicada debe haber alguien encargado de hacerlo.

Puede ser que Jesucristo no haya dicho la frase ”yo soy la ley”, como se cree, pero la expresión refleja perfectamente el sentido y la idea de eso.

Al parecer, el enunciado corresponde al personaje de Jesús en la serie El Elegido, que pudo haberla creado al elaborar el guión.

Es cierto.

Si la ley fue creada por Jehová y Jesús es hijo de Jehová, enviado a la tierra, era el único que podría aplicarla en su sentido original, con el espíritu, motivo y fin, para los cuales fue creada.

Los fariseos, los judíos tradicionales, la habían pervertido, acomodándola a sus intereses y convirtiéndola en un instrumento del poder político.

Sinceramente, algo muy parecido al escenario de la actualidad.

“No piensen que vine a anular la ley o los Profetas”, dice Jesucristo en Mateo, Capítulo 5, Versículo 17 de su Evangelio.

“No vine a anular, sino a cumplir”, añadió.

“Yo les aseguro que no desaparecerá ni la más pequeña letra ni un solo trazo de una letra de la ley hasta que todo suceda”, expreso.

“¡Antes desaparecerían el cielo y la tierra!”, remató.

Está claro que el Cristo hablaba de aplicar el espíritu de la ley, no su forma exegética gramatical, y enfocada a proporcionar justicia y no a causar daño.

No existe la ley si no es aplicada por alguna persona.

Y tampoco es necesario estar haciéndole cambios y modificaciones -las llamadas reformas- que no conducen más que a simular.

Por eso, en ese mismo sentido, bien podemos decir que los Jueces son la ley.

De ellos dependerá la aplicación de la regla jurídica y el sentido, o espíritu, con que será interpretada.

Deberán mirar el fin, el objetivo, no la exégesis de la ley.

Por eso, Jesús respondió magistralmente una de las muchas trampas que los fariseos le tendieron durante sus prédicas, cuando curó a un hombre en sábado.

Había un hombre que tenía una mano paralizada y, para tener algo de qué acusarle, recordaron que la Ley de Moisés prohibía tajantemente hacer cualquier cosa en sábado.

Le preguntaron, según el libro de Mateo:

-¿Está permitido curar a alguien en sábado?

El respondió:

“Si tienen una oveja y ésta se cae en un hoyo en sábado, ¿quién de ustedes no la agarra y la saca de ahí? ¡Un hombre vale mucho más que una oveja! De modo que está permitido hacer algo bueno en sábado”.

Así que, jueces, a trabajar.

Y lo digo desde aquí, porque éste es mi Pódium